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martes, 8 de septiembre de 2009

entre sueños


me adentro en bosques a los que accedo desde la carretera para descubrir en su corazón mesas de ping pong estáticas e inquietantes

viernes, 6 de marzo de 2009

GOLPÉAME OTRA VEZ.


Besa mi boca llena de sangre. Pasa tu lengua sobre mis labios y percibe el rugor de las brisas que los tocaron, mucho antes que tú.
Toca tu Lengua con mi lengua y mírame a los ojos, bésalos con los restoS de rojo en tu boca, pintándolos, manchándolos.
Haz que el escozor del sudor y la sangre en ellos, los fuerce a llorar y que las lágrimas de esos mis ojos se fundan con las de aquellas de mi cuerpo.
Vuelve a besarme, introduce tu lengua hasta el fondo de mi garganta y busca los trozos de mis dientes rotos, las muelas hastilladas, las encías destrozadas, el olor ferroso, el sabor de mi sangre.

Golpéame otra vez.

viernes, 27 de febrero de 2009

una gota de agua

una chispa no es más que eso, una chispa. tiene su importancia. por supuesto que puede causar estragos en el lugar inadecuado. puede causar una explosión, incluso de las nucleares. pero una chispa no hay que dejar de mirarla en su dimensión, diminuta. se apaga con un soplo.
la gota que colma el vaso no es más que eso, una gota. tiene el poder de verter el agua y de que no haya marcha atrás, pero no es más que eso, una gota que se apaga con un soplo, una lágrima que se seca con una mirada.

viernes, 6 de febrero de 2009

LOS FRUTOS

Se levantó temprano aquella mañana mirando al cielo sin nubes. brisa fresca, rayos de sol en la cara, rocío limpio en la hierba. lo notaba al correr. aceleraba mientras devolvía la vista a lo más alto y se preguntaba si había algo más bello en esta vida. los prados estaban verdes y los árboles frondosos. los frutos de la madre naturaleza espacidos por doquier a lo largo del prado parecían correr como él. los alcanzaba, los alzaba, quería escucharlos, comprenderlos en su lengua ininteligible, los abría sangrantes de vida y encumbrados ante el astro díos, los engullía.


Aquella mañana se olían los problemas, es algo que uno sabe, es el instinto más humano. Con el buen tiempo EL solía levantarse temprano. Le gustaba la luz y le gustaba cazar.
Lo vimos llegar, gigantesco, sus pisadas haciéndonos temblar a todos incluso a la tierra. No es consciente de lo devastadora que puede llegar a ser su existencia. Corrimos por el prado, huyendo para que no nos atrapase. Los menos logramos escapar y aquí lo contamos, los demás, todos ellos fueron cazados uno a uno, alzados al sol, al que creemos que venera y una vez conjurados maleficio y bendición, los destripaba en sus garras y con su rostro hacia la cegadora estrella, el t-rex los engullía.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

LA BATALLA

En cada persona se libra una batalla.
Unas son grandiosas, otras desapercibidas.
Unas olvidadas en el tiempo, otras rememoradas hasta el insulto.
Unas útiles, otras absurdas.
(...)
En mi cuerpo, por desgracia, se libra una gran batalla.
Por ahora estoy aquí para contarlo.

jueves, 23 de octubre de 2008

LOS SIN BRAZO

Sin brazo

 

La gran enfermedad surgió en el espectro sexual de todos los humanos, décadas más tarde aparecieron los sin brazo. Asistí atónico al espectáculo que suponía ver un grupo de hombres sonrientes en medio de la calle mostrándose unos a otros sus taras físicas ante la mirada del que pasea. Me llamó mucho la atención porque percibí cierto juicio, menosprecio e incluso algo de ira en los ojos de muchos de los viandantes. Algunos dejaron derramar lágrimas.

No estoy acostumbrado a leer los periódicos ni veo las noticias. no me gusta y ya está. Pero todo lo que sucedía debía de tener una explicación y mi grado de autismo y unas largas vacaciones habían dejado que me alejara de la realidad un poco más de lo debido.

Sí, en efecto, se trataba de eso: la cura había llegado. No fue una vacuna lo que se descubrió. Las investigaciones no fueron nunca del todo fructíferas aunque sí a veces alentadoras. Con el tiempo se enfriaban y desvanecían las esperanzas. Sentías entonces tu estómago muy duro por dentro y las ganas de vomitar no se te pasaban en meses. La cura, el remedio, la mano de Dios que se llevaba… tu brazo. Lei el artículo varias veces e incrédulo llegué a internet donde no daba crédito a las imágenes que, en su grado de pornografía habitual, mostraban detalladamente todo absolutamente todo.

Lo que esperábamos que llegara en forma de cura fue una simple, dura y estricta amputación.

La Máquina, que así era conocida por todos nosotros, era un dispositivo que emitía un tipo de música y digo esto porque al escuchar aquellos sonidos uno pensaba que los distinguía ya de antemano y que les resultaban demasiado familiares como para no conocerlos. Había un orificio donde uno insertaba su mano y esperaba. La mano se volvía roja, de un rojo sanguíneo, como de turista en playa con quemadura para el resto del verano. Mediante unas ondas, la Máquina tenía la habilidad de concentrar todo el virus en el trozo de cuerpo señalado.

La mano se escogió, normalmente la izquierda, porque era el trozo que uno estaba más dispuesto a perder de su propio cuerpo.  Los zurdos escogían la derecha.

En teoría la primera operación tenía que ser un éxito pero surgió el problema de la duda. No había certeza de que la concentración de virus sería total y se pensó así a lo tonto, a la broma boba y a la risa floja, cortar un poco más arriba. El paciente lo pidió a gritos. Salvar el resto de su cuerpo le era más que suficiente.

Así se crearon los sinbrazo, seres con un miedo tal que la idea de volver a pasar por la misma experiencia hizo que formaran parte de casi una subraza, comprensivos entre ellos, deconfiados con el resto. Su marca era visible, también su vergüenza y su triunfo.

(¿Quién desearía una pareja que no pudiera abrazarte? Pero el hombre en su inventiva creó nuevas formas únicas de abrazar e incluso llegó a ser moda el tener un sin brazo como novio, un novio de brazo recién cortado.)

Con el tiempo la operación se fue perfeccionando y el orificio de la Máquina se fue haciendo cada vez más pequeño. Las amputaciones ya no eran de brazos, llegaban hasta el codo. Del codo se pasó a la muñeca y de ésta a alguno de los dedos, a elegir a la sazón o al tuntún. Cada vez la vergüenza estaba más oculta y el triunfo era el orgullo más bien, de cada uno de los que lograban ocultar que alguna vez en su vida habían portado el virus.

Hoy en día casi ha desaparecido la enfermedad pero se ha establecido un sistema de clases. Está mal visto que alguien con dedo amputado salga con un sin brazo, siempre hay que tender a los cuerpos enteros.

Yo también porté en mi cuerpo el virus y también sentí el ardor de la máquina en mí. Tuve suerte, la técnica se había perfeccionado tanto que lo que me queda es una pequeña cicatriz en la palma de la mano. Es mi secreto, mi vergüenza y  mi triunfo. 

lunes, 20 de octubre de 2008

FOURTH SCREEN

Primero fue la pantalla del cine, luego la de la tele, después vino la el ordenador y ahora la cuarta: la del móvil.
Y seguiremos buscando una quinta pues el ser humano ha olvidado su tamaño con respecto al universo. 
El hombre es diminuto. El universo, de inmenso, casi no tiene fronteras.
Hubo una primera pantalla olvidada que es vital para nuestra supervivencia y es mortal si nos obcecamos y queremos quedarnos dentro de ella. Es el agua, al mar, el río, el lago que dejó impresionado a narciso que acabó como ofelia, ahogados en una pantalla por la búsqueda de si mismos o por su propia huida desesperada.
¿Qué buscas tú en esta pantalla? ¿O qué crees buscar?
El ser humano quiere volver a reflejarse en el agua y no sabe cómo hacerlo. Lo compica más y más. 
Yo me reflejo aquí, en este blog y bastante tengo.



jueves, 16 de octubre de 2008

TODO EMPEZÓ CON UN HORMIGUEO

Todo empezó con un hormigueo, en el pie, en la planta del pie, hacia la izquierda, desde el dedo pequeño. Pensé que había hecho demasiado deporte y me había lastimado. Creí haber forzado la máquina. Desde que sé que soy seropositivo he cambiado algunos hábitos y mi amor odio por el gimnasio se ha transformado en fatalidad del destino que asumo si no quiero verme con un cuerpo enfermo de aquí a unos años.

El hormigueo se hacía sentir por la noche cuando acostado de lado, en el último intento desesperado del día de succionar algo de cariño, rozaba mis pies, el uno contra el otro jugando con el puente de ambos. Los puentes, pensé, también hacen el amor. El sueño tardaba en llegar y las hormigas volvían a pasear por mi pie izquierdo, ¿será el deseo que me persigue?.

Durante el día en mi nuevo trabajo no me daba cuenta de si sucedía o no y era a la noche a lo que debía esperar, a mis sábanas frescas y solitarias para hacer la prueba. Y el hormigueo volvía.

 

Bastaron unos días de ausencia para que la sensación se evaporara y que claramente no quedara más que un vago recuerdo. Fue entonces cuando, viendo una película en el cine, las vi llegar, poco a poco, por entre los sillones, bajando por mi cuello, llegando a mi antebrazo y mi mano, siempre por la izquierda, arriba y abajo, arriba y abajo. No era una enfermedad oportunista, no era un daño en la columna, ni un pinzamiento, ni un… maldita sea. La sensación seguía y seguía.

El tiempo lo cura todo, y si no lo cura hace que uno se acostumbre. La sensación quedó repartida entre mi antebrazo, mi mano y mi pie izquierdos todos ellos. Procuraba no prestarle demasiada atención de manera que la convivencia de todas ellas conmigo no marcara mi existencia y en cierta forma se anularan y lentamente se desvanecieran.

 

Una noche de alcohol y pesadillas, de mucho sudor y algo de fiebre aparecieron de nuevo. Esta vez bajaron por el cuello a lo largo de todo el brazo hasta la mano, el costado y no tardó en conectar con la pierna y ya por fin con todo mi pie. Mi lado izquierdo se había convertido en el camino de las hormigas que me asustaban, que casi lograba ver e intentaba sacudirme de encima, cayendo continuamente en mi cama y volviendo a incorporarse subiendo de nuevo hacia mi.

De pronto lo entendí todo. La parte izquierda de mi cuerpo se rebelaba contra el enemigo que permanecía aún latente. Noté la vibración sacudir en mi centro, en mi garganta, en mi pecho, en mi estómago y en mis genitales. Volcarme hacia el otro lado no hizo más que agravar la situación. Mi cuerpo entero vibraba de izquierda a derecha.

Imaginé que luchaba, que ganaba territorio, o lo soñé o lo deseé.

Lo cierto es que minutos más tarde me hallaba en la bañera llena de agua tibia, con los dedos de los pies mal sajados con la maquinilla de afeitar, con unas cuchillas que subieron por la pierna, el costado, el brazo y el cuello, esta vez derechos, para expulsar al que vino para quedarse, para que la morada estuviese restituida y el antiguo dios pudiera volver a este cuerpo. Mientras, el agua se teñía de un rojo precioso y yo tenía sueño, mucho sueño.